El título de esta entrada era otro muy distinto, nada menos que "El contenido es lo de menos", hasta que vi la fortaleza de los Templarios de Ponferrada, camino León-Vigo, con sus muros caídos y abiertos, carente de contenido. Hay que reconocer que el contenido y la información, base del conocimiento, es importante; lo que no es tan importante es la enseñanaza del contenido. La enseñanza del contenido perpetúa y afinca la figura señera del maestro, la educación tradicional, y achica la capacidad creadora del estudiante.

No es lo mismo "enseñar contenido o cosas" que "cear contenido o hacer cosas". Para que el estudiante cree contenido es necesario que el maestro cese de enseñar contenido. El contenido se crea haciendo cosas, no escuchando cosas. La tarea esencial del nuevo maestro apunta al qué hacer y leer, cómo hacerlo y con qué. No al qué informar y cómo informar.

No es poco pedir si exigimos al maestro que, en lugar de leer, informar y comunicar:
  1. Enuncie el qué (Asignaciones: qué leer -ver y oir-, qué comunicar, qué hacer, qué demostrar, què simular, què componer, què investigar, què crear...).
  2. Proponga el cómo (posibles vías o metodologías, distintos procedimientos para llevar a cabo el qué).
  3. Insinúe con qué (Tecnologías apropiadas, viejas y nuevas herramientas para ejecutar el qué, respetando las herramientas multimedia que tiene y usa el alumno cotidianamente, su ritmo y estilos de aprendizaje).
Para que el contenido tenga algùn sentido, es necesario que el estudiante, dadas las distintas opciones multimediales y multisensoriales, participe en el proceso de selecciòn del què, còmo y con què. El Blog (La voz del pueblo) y las Redes Sociales son espacios magnìficos para que el estudiante, no sòlo el profesor, exprese su voz y exponga sus trabajos intelectuales y el producto de cada clase.

La actividad cuasigrada de informar y comunicar (la peremne Lección magistral) fue robada originariamente a los dioses (Adán, Prometeo) para compartirla con la humanidad (Vox populi).
Posteriormente, con la llegada del cristianismo, esta actividad fue adueñada por la clase magisterial en nombre de Dios (Vox Dei).
En el nuevo amanecer de Occidente (Renacimiento) se elimina la supervisión de Dios y queda sólo el Profesor como dueño y señor de la verdad.
A mediados del s. XX se permite al estudiante dirigirse al maestro.
Esta actividad de informar y comunicar multimedialmente debe ser retomada heróicamente por el pueblo, en nuestro contexto, por el estudiante.
Una vez descartada la Enseñanza de contenido en nuestros Prontuarios, nos liberamos del 98% de tiempo dedicado a la enseñanza tradicional, tiempo que podemos utilizar en aquello que dejamos de hacer por falta de tiempo.
Para reflexionar
A André Malraux, Ministro de Cultura del gobierno de De Gaulle (Francia) en la década del 60, le preguntaron:
--"Señor ministro, en el año 2000, ¿será necesaria la escuela?".
A lo que contestó:
--"Sí y no: Si la escuela es el lugar que convoca a los niños y adolescentes para instruirles y darles datos sobre distintas materias, es probable que en el año 2000, se haya encontrado un sistema más eficiente y económico. Pero si la escuela es la prolongación de la familia, donde los educadores forman a los niños en los valores que les preparen para la vida y les hagan más personas, en el año 2000, la escuela será más necesaria que hoy".
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